Increíblemente agradecida

Hace unas dos semanas hablé por teléfono con el periodista Luis Alpuche sobre todo lo que le está pasando a mi hijo y a mi familia. El artículo se publicó ayer 10 de Septiembre en el Diario de Yucatán con el título “Pesadilla Familiar”. Afortunadamente este artículo generó muchas respuestas de solidaridad y apoyo, y me siento infinítamente agradecida y conmovida por todos los comentarios recibidos. Por primera vez en meses, me siento acompañada y entendida. Muchos de los comentarios me han llegado profundamente y les doy las gracias de todo corazón. Le estoy agradecida al periodista Alpuche por su ayuda. Gracias a todos por sus comentarios y apoyo y prometo apenas pueda, escribirle a cada uno.

Semanas difíciles

Estas últimas semanas han sido difíciles para mí. Creo que estoy mentalmente agotada de hablar del problema de Chente con mi familia. A veces me siento ausente, como si no pudiera sentir nada, como si no estuviera tomando parte en mi vida. Mi psicólogo me dijo que es normal que me sienta así, pues es un mecanismo natural para lidiar con mis preocupaciones. La semana pasada, aún despues de todas nuestras pláticas con Vicente y sus promesas, se desapareció por varias horas. Me da pena admitirlo, pero, aunque estuve muy nerviosa por él, finalmente pude tener descanso durante su ausencia en casa. Aunque nos prometió dejar de hacer drogas, parece ser que no está cumpliendo su promesa. Es posible que como dice el doctor, aunque Chente quiera, no puede dejar de hacer drogas sin ayuda. Ayer encontré varios centros de rehabilitación en el país y elegimos el que pensamos es el mejor con la ayuda del doctor, y mi esposo y yo estamos de acuerdo de llevar a Chente a un centro aunque sea en contra de su voluntad.

Todos lo ven…que difícil se me hace aceptarlo

Ayer hablé con el Doctor y le comenté que mi esposo y yo habíamos decidido darle a Chente una oportunidad para cambiar su comportamiento y le platique de nuestra conversación con el. El Doctor que es amigo de nosotros, me reitero que el problema de Chente no tiene nada que ver con sus deseos de portarse bien y me dijo que mientras más rápido aceptemos que Chente es un adicto y está enfermo, más rápido podríamos ayudarlo. El terapista de Chente que solo lo ha visto una vez, también nos dijo que Chente necesita tratamiento más especializado, enfocado al abuso de substancias, y que deberíamos considerar internarlo en un centro de rehabilitación. la paz que sentí por un día se fue tan rápido como llegó.

Almorzamos juntas hoy

Hoy salí a comer almuerzo con mi hermana Maria José quien ha estado muy pendiente de mí y de todo lo que le está pasando a Chente y a mi familia. Es una bendición poder contar con ella, aunque muchas veces no quiero hablar de más pues no quisiera hacerle mala fama a Chente. Después de comer, fuimos a la Basílica de Guadalupe a dejar unas ofrendas y rezar. Hace más de 20 años que no me paraba por ahí. Al ver la imágen de la Virgen con su hijo Jesús, sentí una gran paz y me solté a llorar como una Magdalena. Creo que era toda la tensión acumulada de estos meses.

Carta a editores

Hace unos días decidí mandarle una carta a varios editores. No me puedo quedar sentada viendo que mi hijo sufra, y que mi familia y nuestros adolescentes peligren. Creo que el gobierno y la prensa deberían de prestar más atención a los problemas que enfrentan nuestros hijos en este país debido a las drogas y los narcos.

Chente se ha aislado

Las pasadas dos semanas han sido caóticas. Hace una semana que hablamos con Chente y veo que está tratando de cumplir sus promesas. Pero sigue sin ser el mismo. Aunque no sale de casa como nos prometió, se encierra en su cuarto por horas y duerme casi toda la tarde después de regresar de la escuela. No lo he visto estudiar, pero es posible que esté estudiando cuando está solo en su cuarto. No juega con José Manuel, pero se ha sentado a ver la tele con él. Me siento muy nerviosa. A ver qué pasa.

Llegan los resultados de sangre

He estado esperando con ansiedad los resultados de sangre de Chente. Temía el exámen de drogas fuese positivo, y desgraciadamente esta tarde todos mis temores se confirmaron. El doctor me llamó a su consultorio para informarme que el exámen había salido positivo. Chente está usando mariguana, heroína y fentanilo. Me quedé inmóvil y no supe que decir. ¡No lo puedo creer! Mi hijo no solo está usando mariguana, sino heroína y fentanilo. ¿Dios mío, como puede ser posible?

El doctor, que es amigo de la familia y conoce a mis hijos desde pequeños, me explicó que la heroína y el fentanilo son drogas adictivas que afectan los receptores del cerebro. Me aconsejó que no perdiéramos tiempo echándonos la culpa o regañando a Chente, pues Chente estaba lidiando con una enfermedad, que no tiene nada que ver con nuestra capacidad y dedicación como padres. Me dijo que él sabía muy bien que Chente es un muchachito extraordinario, sensible y responsable, y que su comportamiento de estos últimos meses, las mentiras, ansiedad, falta de sueño, irritabilidad etc., eran solo síntomas de su addición.

Me recomendó que hablara con mi esposo e internáramos a Chente en un centro de rehabilitación lo antes posible, y quedamos que vendría yo mañana al consultorio con Chente para que el doctor hablara con él en persona. Antes de irme me dio un listado de centros de rehabilitación en México e información sobre la adiccíon y los opioides y sus efectos.

Salí del consultorio, me subí a mi auto y no pude manejar. Las manos y las piernas me temblaban, y sin anticiparlo, empecé a llorar. Le hablé a mi esposo quien me vino a recoger para que no manejara. Decidimos hablar con Chente al llegar a casa. Desgraciadamente, cuando llegamos Chente no estaba en casa. Dejó a José Manuel solo en casa a pesar de que le pedí se quedara con él. ¡Dios mío ayúdanos!