Chente choca mi coche

No lo puedo creer, ayer en la noche mientras dormíamos, Chente entro en nuestro cuarto, cojió las llaves de mi coche y se lo llevo sin permiso. Estoy furiosa. Solo imaginarme a mi hijo entrando a mi cuarto como si fuera un ratero hace que se me ponga el pelo de punta.

Al parecer, un amigo de Chente que no conocemos, lo espero afuera de la casa y entre los dos se llevaron el coche, lo chocaron, y lo regresaron mientras dormiamos.

A la mañana siguiente, cuando mi esposo se iba al trabajo, lo primero que vio al salir de la casa fue mi coche estacionado ahi mismo donde yo lo había dejado la noche anterior, con la defensa delantera chocada. Entro de nuevo a casa, y sin dudarlo siquiera, subió al cuarto de Chente, lo despertó y le pregunto ¿qué fue lo que había pasado con el auto? Chente, se hizo el que no entendía que estaba pasando; luego se puso a la defensiva, diciendo que ¿cómo era posible que siempre lo culpáramos de todo? Antes de que Chente pudiera decir algo más, José Manuel, salió de su cuarto y entre sollozos nos confesó que, en la noche, él había visto salir a Chente de nuestro cuarto con las llaves de mi auto. Nos contó que Chente y su amigo empujaron el coche una cuadra y luego se fueron con Chente al volante. También admitió que Chente le había dado 500 pesos por no decir nada, saco el billete de su pantalón y nos lo entregó. Chente estaba furioso, gritándole a José Manuel que era un maricon y le iba a partir la cara. Nunca lo habia visto tan agresivo. Si mi esposo no hubiera estado ahi, Chente hubiera agarrado a golpes a su hermanito. Yo estaba atónita, para como una estatua sin dar crédito a lo que estaba pasando.

Mi esposo les ordenó se alistarán para ir al colegio y les dijo que hablarían a su regreso pues iba tarde a una junta. Les castigó la tele, les quitó los teléfonos, y les dijo no tenían permiso de salir de la casa. Se despidió de mí y salió de la casa corriendo. Antes de regresar a casa en la tarde, me llamó por teléfono de la oficina y me dijo que Angel, el mozo, se encargaría de todos los trámites con el seguro y llevaria el coche al taller. Se le escuchaba enojado, pero más que nada preocupado.

Cuando Chente y José Manuel llegaron del colegio en la tarde, nos sentamos a comer. Yo no dije mucho pues quería esperar a que llegara mi esposo para hablar todos juntos. Solo les dije que estaba decepcionada con el comportamiento de ambos pues yo no les había enseñado a portarse de esa manera. José Manuel estaba mortificado y llorando me pidió perdón y me dijo que nunca más nos diría mentiras. Chente permaneció sentado en silencio, y aunque también se disculpó, no parecía estar muy arrepentido o presente. Estaba como ido, como ausente, como adormilado. Después de comer, los dos se subieron a sus cuartos a esperar a su papá. ¡Todo esto es inverosímil!

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