Finalmente me desahogo

Finalmente, le conté todo a Maria José. Fuimos a desayunar a un restaurante cerca de su casa y nos quedamos hablando varias horas. Cuando la vi sentada en la mesa esperándome, no pude contenerme y se me salieron las lágrimas. Ella se paró, me abrazó, y nos sentamos a desayunar. Le platique con lujo de detalles todo lo que ha estado pasando con Chente. Ella me escucho sin interrumpirme y sin juzgarme. Cuando termine de contarle todo, me abrazo y me aseguro que yo no tenía la culpa de nada de lo que estaba pasando, y me aconsejo que le hiciéramos un examen de drogas a Chente de inmediato pues eso de las drogas es realmente peligroso.

Me recordó que nuestro papá había tenido problemas con el alcohol, aunque de esto nunca se habló en la casa. Nuestra madre siempre nos ocultaba todos los problemas y muchas veces nos daba otra versión de los acontecimientos en casa, siempre encubriendo a mi papá. Maria José me recordó de las muchas veces que nuestro papá se gastó toda la quincena en licores y cervezas. El se murió a los 55 años, y nuestra madre hasta el día de hoy no admite que mi papá era posiblemente un alcohólico, y Maria José y yo nunca habíamos hablado de este tema tan abiertamente.

Me quedé sin palabras. Maria José tiene toda la razón. En nuestra casa, los problemas de papá se manejaban tan discretamente, que creo que toda mi vida viví engañada sobre el alcoholismo de mi padre. Aunque yo de chica me prometí nunca comportarme como mi mamá, parece ser que estoy haciendo lo mismo en mi propia casa. Estoy tratando de tapar el problema de Chente con un dedo. No puedo permitir que Chente sufra el mismo destino que mi padre. Tengo tanto miedo por Chente, por su vida, por su futuro. Creo que no puedo seguir creyendo sus historias y dudando que esté haciendo drogas o pastillas.

Si Chente no está haciendo drogas, parece ser que sus amigos si lo están, y estas amistades obviamente no le llevaran a nada bueno. Chente sigue negando rotundamente que está haciendo drogas y siempre tiene una explicación para todo, pero algo me dice que está mintiendo. No puede seguir mintiéndome más, Maria José tiene toda la razón, esto es causa de vida o muerte y tengo que saber la verdad. Voy a llevarlo al doctor mañana mismo para que le hagan unas pruebas de drogas sin que Chente sepa la verdadera razón de nuestra visita al doctor.

Qué alivio sentí después de hablar con Maria José. No había querido ni pensar en lo que sucedió en Huatulco, pero hablar con mi hermana me dio consuelo y perspectiva. Chente nos arruinó las vacaciones y terminó con mi esperanza de que esta vacación fuera algo bueno para la familia. Chente no solo arruinó las vacaciones, sino que nos humilló ante los administradores del hotel, que nos conocen bien. Creo que nunca vamos a poder regresar a ese hotel. Para acabarla de amolar, mi marido no me habla desde que llegamos de Huatulco. Por alguna razón piensa que todo lo que hace Chente de una forma u otra es mi culpa.

Todo empezó el tercer día después de nuestra llegada a Huatulco cuando Vicente se negó a ir a la playa y solo fue obligado por su padre. Llegando a la playa, se acostó a dormir en una toalla y no nos dirigió la palabra en todo el día. Yo estaba muy enojada. Su comportamiento me pareció muy extraño sobretodo porque el día anterior había estado de muy buen humor. Sospeché que a lo mejor estaba haciendo drogas, así que mientras Chente dormía en la playa y José Manuel y mi esposo jugaban, fui al hotel rápidamente a esculcar su cuarto. En un calcetín sucio de Chente, me encontré unas bolsitas vacías que apestaban terrible; en una de las bolsas de su pantalón me encontré unas pastillas, y el teléfono de José Manuel que perdió el primer día que llegamos a Huatulco, y que buscamos por horas y horas en la playa. Lo tenía Chente escondido en su pantalón y nunca dijo nada. ¿Para qué querrá el teléfono de José Manuel si él tiene el suyo? En otra bolsa de su pantalón me encontré 2000 pesos y un reloj de hombre que nunca había visto. ¿Como es posible que Chente tenga dinero si no le hemos estado dando su gastada por mal comportamiento? ¿De dónde sacó el reloj? Tantas mentiras e hipocresía de parte de Chente.

Me regresé corriendo a la playa súper enojada, triste, nerviosa. Cuando llegue a la playa, sacudí a Chente que dormía tranquilamente como si nada, y lo confronté ahí mismo. Le pregunté que porque tenía el teléfono de José Manuel y dinero. Chente se puso furioso y empezó a gritar. Negó rotundamente haber cogido el teléfono de José Manuel. Dijo que a lo mejor José Manuel lo había puesto en su pantalón sin darse cuenta y se le olvido. Luego, dijo que las bolsitas no tenían nada, y que las pastillas que me encontré eran aspirinas. Traté de no gritar y bajar la voz pues toda la gente en la playa nos estaban mirando, pero Chente se puso como loco y se fue corriendo al cuarto del hotel gritándome y diciendo mil groserías. Gracias a Dios mi esposo no escuchó las groserías pues la situación se hubiera puesto peor. Por un momento no reconocí a mi propio hijo, sus ojos estaban llenos de ira. El administsrador del hotel nos vio entrar y subir a nuestro cuarto. ¡Que día!

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