No soy la culpable.

Mi esposo y yo hemos hablado muy poco desde el incidente de la recámara de Chente, y nos acostamos a dormir a diferentes horas con tal de no pelear más. Me ha costado mucho conciliar el sueño y casi siempre me siento cansada y nerviosa. Pero ayer en la noche, mi esposo me pidió perdón por sus acusaciones y su comportamiento. Me dijo que él también estaba preocupado y que yo no era la culpable. Nos dormimos rezando, y nos prometimos no acusarnos el uno al otro. Hoy me levanté más positiva. Todos los problemas tienen solución, y lo único que tengo que hacer es mantenerme calmada y buscar la solución al problema de Chente. Gracias Dios mío por escuchar mis suplicas y regresar algo de paz a mi vida. ¡Ayúdame con Chente!

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