Que dolor!

En estos últimos días, he notado que José Manuel se encierra en su recámara tan pronto cuando oye llegar a su papa del trabajo. Cuando está en casa conmigo, no es el mismo chico alegre de antes, pero por lo menos se siente con libertad de hacer sus cosas hasta que llega Chente o su papa. Es obvio que está evitando presenciar más pleitos. Le he puesto tan poca atención en estos ultimos meses. Seguro que él también se siente nervioso y triste. ¿Como es posible que la paz de nuestra familia se haya esfumado tan rápidamente? Dios mío, no reconozco a mi familia. ¡Ayúdanos, no nos abandones! Voy a ver si Jose Manuel quiere ir conmigo a comprar unos helados y asi compartir con el un ratito.

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