¡Ayúdame Dios mío!

Me siento aun pasmada ante la evidente realidad y no sé que hacer. ¿Regaño a Chente? ¿Hablo con mi marido primero? Aun así, con todas esas pastillas en frente de mis ojos, Chente yéndose de pinta, y mi dinero y mi tarjeta perdidos, quisiera estar equivocada, y me sigo preguntando si las pastillas que me encontré en el cuarto podrían ser de un amigo de mi hijo. Creo que me estoy volviendo loca. No sé qué hacer. ¡Ayúdame Díos mio! ¡No me abandones en estos momentos tan difíciles!  

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