No lo puedo creer

Ayer, después de ir de compras con mi hermana Maria José, cuando Vicente no estaba en casa, fui a su cuarto y cerré la puerta después de entrar. Esculqué todos sus cajones, su closet, el librero, su mochila, pero no encontré nada. Ni mi dinero, ni mi tarjeta. Antes de salir de su cuarto, se me ocurrió checar las bolsas de sus pantalones de mezclilla que estaban tirados en el suelo, y me encontré una bolsa de plástico con varias pastillas, y algo que parecía ser mariguana. Casi se me sale el corazón. Aun ahora que estoy escribiendo esto me parece surreal, no lo puedo creer. Como si fuera la vida de otra familia. Lo que más temo y me he negado a creer, parece estar sucediendo. Siento que se me cae el mundo. No puedo seguir engañándome. Lo que tiene Chente no son cambios normales de un adolecente, no es el trauma de haber estado al borde de la muerte, parece ser que más bien son los posibles efectos de las drogas. Lo peor, es que él está decidiendo tomarlas. Está tirando su futuro por la borda, traicionándose a sí mismo y a su familia, y lo más triste, poniendo su vida en peligro y rompiéndome el corazón día a día. Me desplomé de la tristeza y lloré amargamente.

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