¿Dios mío porqué? ¿Porqué me lo quitáste? No aguanto este dolor..Dame fortaleza para seguir hacia adelante por mi otro hijo y mi esposo

Mi hijo Chente, mi primogénito y más preciado tesoro, la luz de mi vida falleció la semana pasada, 12 de Octubre. Por más que lo pienso y lo digo, no lo puedo ni quiero creer. Quisiera fuera tan solo una terrible pesadilla de la cual despertara en unos momentos para darle un abrazo muy fuerte a mi hijo muy amado. Antes de sepultarlo, le dije adiós con un beso en la frente y sentí que se me salía el alma del cuerpo, sentí que me moría yo con él. ¿Cómo puede ser posible que mi hijo ya no esté aquí, que no pueda abrazarlo y decirle lo mucho que lo quiero y lo necesito? ¿Cómo pedirle perdón por mis faltas, mis enojos de los últimos meses, y mi desesperación por entender lo que le pasaba?

Estoy entumecida de dolor, y por momentos, aunque una pequeña voz en mi me recuerda que Dios tiene un camino para cada uno de sus hijos, me siento sola, enojada con el mundo, con los carteles, los narco traficantes, con el gobierno de México que parece no hacer nada por combatir la drogadicción en este país, y con Dios mismo. Perdóname Dios mío, pero te he pedido tanto y con tanta fe, que no puedo entender porqué no has venido en mi ayuda y la de mi hijo Chente. He dedicado mi vida a mis hijos y esposo, te he sido fiel y devota, ¿Por qué te llevaste a Chente tan pronto? ¿Cómo quisiera entender por qué? ¡Ayúdame a poder seguir con mis responsabilidades para con José Manuel y mi esposo! Lo único que quiero es dormir y nunca más volver a despertar. No quiero sentir este gran dolor desgarrador.

La casa está vacía, fría, la ausencia de Chente se siente por todas partes. Tuve que cerrar la puerta de su cuarto pues no aguanto ver su cama vacía. A veces me siento ausente, entumecida por el dolor, como si no estuviera realmente presente en mi casa. No tengo ganas de pararme de mi cama, no tengo ganas de hablar o comer. Me cuesta conciliar el sueño y cuando me acuesto, quisiera dormirme y no despertar jamás. Pero sé que tengo que salir adelante pues José Manuel y mi esposo también están sufriendo en estos momentos y no los puedo dejar solos.

Sé que nunca será todo como antes. No hay respuestas, solo silencio y dolor. Que daría yo por tener a mi hijo conmigo nuevamente, por verlo una vez más. Me pregunto constántemente si pude haber hecho algo diferente para prevenir su muerte. Siento que le fallé como madre. ¡Vicente, hijo mío, por favor perdóname! Perdóname por mis defectos, mis enojos, mis gritos, mi exasperación de estos últimos meses. Donde quiera que estés, recibe mi amor absoluto y permanente. No pasará un día sin que te piense. Lo único que puedo hacer es rezar y tratar de dedicar mi vida a no permitir que nada así le suceda a José Manuel, o alguien más si yo puedo evitarlo. Te quiero hijo mio. Descansa en paz.

Les pido a todos recen por mi hijo y por mi familia

¡Ayúdame Dios mío! ¿Dónde está mi Chente?

Chente lleva desaparecido cuatro días. Estoy desesperada, pero estoy tratando de mantener la calma y la confianza en Dios. El día que íbamos a llevar a Chente al centro de rehabilitación, me levanté muy temprano para preparar el desayuno y despertar a Chente, pues teníamos que llegar al centro a las 9 de la mañana a registrarlo. Cuando fui a despertarlo, Chente no estaba en su cuarto. Sentí que se me salía el corazón del pecho. Su maleta estaba a medio empacar y su cama sin hacer. No sé a qué hora se fue, ni por donde se salió pues no escuche nada. Inmediatamente corrí a despertar a mi esposo, pues Chente no contestaba su teléfono. José Manuel se levantó al oírme, entró al cuarto y me abrazó. Mi esposo salió en el coche a buscar a Chente. Estuvo manejando todo el día sin encontrarlo, mientras yo les hablé a todos sus amigos para ver si alguién había oído de él. ¡Qué horror! No lo puedo creer. La policía lo está buscando desde hace cuatro días y nosotros contratamos a un investigador privado para que nos ayude a encontrarlo. Solo le pido a Dios lo encontremos lo antes posible. Les pido de todo corazón recen por nosotros.

Chente irá a un centro

Nuevamente Chente esta malhumorado, cansado y sin ganas de hacer nada. Se encierra en su cuarto por muchs horas y solo baja a comer algo, pero no quiere hablar. Basados en los muchos comentarios que he recibido de ustedes y de los doctores de Chente, mi esposo y yo hemos decidido admitir a Chente a un centro de rehabilitación este Viernes 4 de Octubre. No tienen espacio hasta el Viernes, si no lo llevaríamos hoy mismo. El doctor nos explicó que aunque veamos mejoría en Chente, es posible que esto se deba a que él esté usando menos opioides, pero nos dijo que Chente no puede lidiar con este problema sin ayuda médica, pues necesita desintoxicarse. Creo que esto explica las pequeñas mejorías que hemos visto, y tambíen el hecho de Chente siga muchas veces ausente. Me siento más fuerte para tomar este paso y lo que venga, pues gracias a Dios cuento con el apoyo de tanto de ustedes y de mi familia. En serio, sus comentarios y mensajes me ayudan muchísimo y les estoy tan agradecida. Asi que, aunque no quiera Chente, lo llevaremos a un centro de rehabilitación, pero no le vamos a decir nada hasta que ya estemos listos para llevarlo. Les pido recen por nosotros.

Muy agradecida por todas las oraciones y apoyo

Hoy que llegue a la casa después de ir al súper, me encontré a Chente jugando soccer con José Manuel. Estaban gritando y corriendo, tal y como lo hacían antes. José Manuel se veía tan feliz, hacía tiempo que Chente no jugaba con él y lo trataba con indiferencia. Me quedé sentada en el coche unos minutos, mirándolos jugar y disfrutando el momento. José Manuel ya no parece un niño, ha crecido y cambiado mucho este año. Bueno, realmente esta terrible experiencia nos ha cambiado a todos. Le dí gracias a Dios por este increíble momento. Segundos después, me entró un miedo terrible de que vuelva todo al caos de antes. Chente parece estar mejor, pero no está del todo bien aún. De cualquier forma, traté de concentrarme en el momento y de permanecer agradecida.

Ya no me siento sola

Estos últimos meses me he sentido muy sola, pues aunque tengo a mi hermana Maria José y a mi familia, solo aquellos que pasan por un problema como el mío pueden realmente entenderlo. Hoy no me siento sola gracias a todos los comentarios y mensajes que me han mandado personas que, como yo, están pasando o pasaron por situaciones similares. Saber que lo que estoy escribiendo tiene impacto en otras vidas, y que hay muchas personas que como yo están preocupadas por sus hijos, familias, y por lo que está pasando en México. Saber que otras personas tienen hermanos, hijos, hermanas, sobrinas, sobrinos que han pasado por el desgarrador problema de drogadicción y lo han superado me da esperanza. ¿Cómo poder agradecerles a todos los que me han escrito sus palabras? ¿Cómo poder explicarles lo que sus respuestas de apoyo han significado para mí? No tengo palabras para darles las gracias y decirles cuanto me han ayudado sus mensajes. Ya no me siento sola gracias a ustedes y a Dios que me va guiando y los ha puesto en mi camino.

Hoy finalmente me armé de valor e hice los arreglos finales para mandar a Chente a un centro de rehabilitación que me recomendó el doctor. Desgraciadamente no tienen espacio hasta dentro de unas semanas, aunque quedaron de avisarme si algo cambiaba y lo podíamos ingresar antes. Por favor recen por nosotros. No le he dicho nada a Chente al respecto, ni se lo diré hasta un día antes de llevarlo. Gracias a todos y bendiciones para todos ustedes.

Increíblemente agradecida

Hace unas dos semanas hablé por teléfono con el periodista Luis Alpuche sobre todo lo que le está pasando a mi hijo y a mi familia. El artículo se publicó ayer 10 de Septiembre en el Diario de Yucatán con el título “Pesadilla Familiar”. Afortunadamente este artículo generó muchas respuestas de solidaridad y apoyo, y me siento infinítamente agradecida y conmovida por todos los comentarios recibidos. Por primera vez en meses, me siento acompañada y entendida. Muchos de los comentarios me han llegado profundamente y les doy las gracias de todo corazón. Le estoy agradecida al periodista Alpuche por su ayuda. Gracias a todos por sus comentarios y apoyo y prometo apenas pueda, escribirle a cada uno.

Semanas difíciles

Estas últimas semanas han sido difíciles para mí. Creo que estoy mentalmente agotada de hablar del problema de Chente con mi familia. A veces me siento ausente, como si no pudiera sentir nada, como si no estuviera tomando parte en mi vida. Mi psicólogo me dijo que es normal que me sienta así, pues es un mecanismo natural para lidiar con mis preocupaciones. La semana pasada, aún despues de todas nuestras pláticas con Vicente y sus promesas, se desapareció por varias horas. Me da pena admitirlo, pero, aunque estuve muy nerviosa por él, finalmente pude tener descanso durante su ausencia en casa. Aunque nos prometió dejar de hacer drogas, parece ser que no está cumpliendo su promesa. Es posible que como dice el doctor, aunque Chente quiera, no puede dejar de hacer drogas sin ayuda. Ayer encontré varios centros de rehabilitación en el país y elegimos el que pensamos es el mejor con la ayuda del doctor, y mi esposo y yo estamos de acuerdo de llevar a Chente a un centro aunque sea en contra de su voluntad.